Boghozás
Newell´s es una fiesta: pasó a River, es el único puntero y le tiró toda la presión a Banfield porque Boghossian no perdonó en el área. Los goles del uruguayo fueron la diferencia entre un equipo con alma de campeón y otro con alma de perdedor.
Alguien se anima a quitarle la ilusión a esta gente en pleno estado de euforia? Si lo intenta, parece que será en vano, mejor ni se gaste. River -como tantos otros que ya pasaron- puede dar fe de esto, servir de evidencia. Los hinchas de Newell's, entonces, revolean sus remeras, festejan, el Coloso se viste de fiesta, se entusiasma, y todos cantan, todos saltan, saltan tan alto que mira al resto desde arriba. Demuestra el equipo de Sensini que no le teme a las alturas, que no se marea así nomás. Viaja tan alto como ese faro uruguayo que llegó en silencio y ahora no se cansa de gritar. Se calzó la pilcha de héroe este Boghossian. Y, claro, Boghozás.
El Parque, más que de la Independencia, fue de las diferencias. Un terreno donde no se disimularon los contrastes entre un cuadro que sabe a lo que juega y otro que hace lo que puede. De uno con alma de campeón y otro con alma de perdedor.
Newell's jugó el partido que quiso durante 80 minutos y River lo hizo en apenas 10, los posteriores al 1-1 de Buonanotte. Un empate, digamos, sacado de contexto, como un suspiro, responsabilidad exclusiva de la repentina inspiración del único jugador desequilibrante que tiene Astrada. Fue en ese lapso que Newell's se desordenó y River pudo retomar, ahora con cierto éxito, su idea madre de lastimar de contra. Por eso el Jefe le dio vida a Rosales (por Fabbiani) y hasta pudo ganarlo si Gallardo no se apoliyaba en los metros finales.
Newell's reaccionó a tiempo y lo ganó con el corazón, con ese cabezazo de Boghossian (en ambos goles durmió a Cabral). El de Boquita demostró ser un conjunto que te come el hígado, sí, aunque al que también le sobra fútbol. Juega con autoridad, no te deja ni respirar y cuando tiene la pelota es claro, profundo, con instinto asesino y poniendo mucha gente en ataque. Astrada lo definió a la perfección: "Es un equipo equilibrado y desequilibrante".
Y que además de conocer las fortalezas propias, explota las falencias ajenas, en este caso las debilidades populares de River. Encontró el negocio por el costado de Abelairas y Villagra, y sacó réditos con los centros cruzados a Boghossian. Justamente, otra gran diferencia está en los 9 de cada equipo. Boghossian es el hambre y Fabbiani las ganas de comer. Pero es así, cuando un equipo viene bien se potencian los rendimientos individuales, se forja una identidad. Newell's la tiene y poco importan las ausencias de Schiavi, Mateo o Sánchez Prette. En River falta Almeyda y todos buscan un psicólogo.
Fuente: Olé
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