Obama, un año después
Mañana se cumple un año de los comicios que le dieron a Barack Obama la presidencia de los Estados Unidos. Un recorrido a través de su gestión durante estos meses: promesas, logros y desaciertos.
Pocos mandatarios de los Estados Unidos generaron tanto entusiasmo en el mundo como el que Obama consiguió la noche de su elección en noviembre de 2008.
De París a Pekín, de Río a Oslo, de Johannesburgo a El Cairo, la gente se reunió en bares o en plazas y siguió en televisión durante la noche los resultados de las elecciones del 4 de noviembre.
Cuando quedó claro que los votantes norteamericanos habían optado por que el próximo inquilino de la Casa Blanca fuese Obama, el regocijo recorrió las calles de Chicago, la ciudad donde reside. Se oyeron trompetas y mucha gente lloró de emoción en todo el país. Hubo brindis en los más diversos rincones del planeta y hasta los ciudadanos de la ciudad japonesa Obama bailaron.
"Su victoria demostró que ninguna persona en ninguna parte del mundo debería dejar de atreverse a soñar con querer que el mundo cambie para hacerlo un lugar mejor", escribió el Premio Nobel sudafricano Nelson Mandela sobre el presidente electo.
El alivio por la retirada de George W Bush, uno de los presidentes norteamericanos menos populares del mundo, era notorio. Así, la satisfacción de que la nación que en su momento estuvo segregada racialmente escogiera su primer líder negro era de "cuento de hadas", según palabras del ministro polaco de Asuntos Exteriores, Radek Sikorski.
Junto con el fervor también llegó un aluvión sofocante de expectativas con Obama mediando en todas las guerras y conflictos, encauzando la descarrilada economía global y haciendo feliz a todo el mundo, sencillamente, no siendo como Bush.
Mandela, que como primer presidente sudafricano tras el "apartheid" en 1994 también afrontó el desafío de cumplir con las elevadas expectativas, instó a Obama a "combatir el azote de la pobreza y la enfermedad en todas partes".
El presidente Mahmud Ahmadinejad, el primer presidente iraní desde la Revolución Islámica en 1979 en felicitar a un mandatario noteamericano por su victoria electoral, aprovechó la oferta de Obama de mantener conversaciones sin condiciones previas sobre el controvertido programa nuclear iraní.
Los europeos vislumbraron en el horizonte la cooperación, tras ocho años de frías relaciones con Bush, sobre todo en cuestiones que encabezan la agenda como el cambio climático y el diálogo con Irán.
Las mentes más frías pedían cautela. El diario sudafricano Financial Mail apuntaba: "Aunque su nombre suene africano, Obama es más norteamaericano que la tarta de manzana o el baseball".
Obama ya advirtió tras su elección que "el camino iba a ser largo" y "empinado".
Tras la euforia de su asunción en enero, comenzó a lidiar con los desafíos pendientes que dejó Bush: las guerras de Irak y Afganistán; la cuestionada prisión de Guantánamo para sospechosos de terrorismo, la peor situación económica desde la Gran Depresión en los años 30, las preocupaciones nucleares en Irán y Corea del Norte y un diálogo bloqueado en el cambio climático.
Desde entonces, Obama ya decepcionó en algunas ocasiones. Hubo poco progreso en el proceso de paz de Cercano Oriente. Su deseo de cerrar la prisión de Guantánamo el próximo 22 de enero todavía está en el aire y las tropas norteamericanas siguen en Irak. Además, ahora está deliberando si escala la guerra en Afganistán.
No obstante, con su rival demócrata para la candidatura presidencial, Hillary Rodham Clinton, a quien nombró secretaria de Estado, Obama emprendió un nuevo rumbo en la política exterior evitando las ataduras políticas del gobierno Bush.
En Cercano Oriente, Obama procuró mostrarse más neutral adoptando una postura inicialmente más firme respecto a la actividad de los asentamientos israelíes, pero las negociaciones siguen estancadas.
En el mundo árabe, la euforia inicial se desvanece mientras los árabes esperan cambios concretos en la política. No obstante la popularidad de Obama en esa región sigue siendo amplia.
En cuanto a China, Obama ya tuvo que enfrentar las críticas de los defensores de los derechos humanos. Uno de los primeros viajes de Clinton fue a Pekín, donde sorprendió con sus declaraciones de que había cosas más importantes -como la economía- antes de los derechos humanos.
En octubre, Obama evitó reunirse con el líder tibetano en el exilio y premio Nobel de la Paz, el Dalai Lama, para no empañar su viaje a China.
Y en lo que respecta a Rusia, comenzó rápidamente a negociar para reducir el arsenal nuclear y se distanció del controvertido plan de instalar un escudo antimisiles en el corazón de Europa.
Cuando Corea del Norte comenzó su juego del gato y el ratón, Obama impulsó una respuesta unida global para seguir aislando al país estalinista.
Y con Teherán, los Estados Unidos emprendieron las primeras conversaciones de alto nivel en décadas.
Ante este panorama, ¿ha conseguido Obama durante su primer año en el cargo restablecer el buen nombre de su país en el mundo? Así lo debió pensar el comité del Premio Nobel de la Paz, que asombró al mundo concediéndole este premio, uno de los más prestigiosos en el mundo.
En su país, un 61% consideró que Obama no lo merecía, según una encuesta de Pew, opinión con la que el propio presidente parecía estar de acuerdo.
"Déjenme ser claro. No lo veo como un reconocimiento a mis logros, sino como una confirmación del liderazgo norteamericano en nombre de las aspiraciones de la gente de todas las naciones", comentó Obama.
Fuente: DPA
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